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Viernes, 6 Diciembre 2019

 

  
  

Este sábado 16 y domingo 17 estamos realizando nuestra 18º peregrinación a nuestro "Santuario Diocesano de Loreto".juanrubenmarinezobispo1 Como todos los años este tercer domingo de noviembre a las 9,00 horas celebramos la Misa principal en memoria de nuestros Santos Mártires de las Misiones, San Roque González de Santa Cruz, San Juan del Castillo y San Alonso Rodríguez, junto a nuestra Madre de Loreto, patrona de las Misiones. Allí nos reunimos desde toda la región y Provincia, para profundizar la memoria de la evangelización, y renovamos nuestra fe para proyectarnos en el ardor misionero.

Mucha gente durante meses prepara esta peregrinación expresando el compromiso evangelizador. A Loreto llegan peregrinos caminando, en bicicletas, colectivos o en autos, para celebrar la fe y la vida en tantos siglos de evangelización. Los peregrinos podrán visitar las Reducciones, la capilla de la Virgen donde está nuestra Madre, la recuperación de los 1500 metros de la vía procesional al Monte Calvario donde está el Vía Crucis bíblico y nuestro Templo Mayor de los Mártires. Aquí están los restos de uno de los jesuitas protagonistas de las Misiones: el Padre Antonio Ruiz de Montoya. En este lugar alimentamos nuestra espiritualidad y nuestro compromiso para ser, como Pueblo de Dios, los testigos de nuestra Fe en Jesucristo. Con esta celebración iniciamos el Año Mariano en la diócesis y nos disponemos a vivir el «IV Congreso Mariano Nacional» en Catamarca que se realizará del 23 al 26 de abril del año próximo.
En esta celebración en Loreto quiero reflexionar cuatro palabras que pueden ser importantes de considerar especialmente en estos días: «comunión», «alegría», «misión» y «esperanza». Profundizar estos términos implicará seguir asumiendo el compromiso con el camino que estamos realizando en relación a nuestro primer Sínodo Diocesano, la aplicación del documento de Aparecida y especialmente, de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco Evangelii Gaudium..
La primera palabra es «comunión». El Señor nos enseña que no seremos creíbles en el anuncio del Reino si no buscamos amarnos los unos a los otros. Desde hace años venimos acentuando la eclesiología de comunión y la necesidad de una mayor pastoral orgánica tan reclamada en nuestro Sínodo. El encuentro en Loreto de todos los que peregrinamos como Diócesis, con las únicas Misas durante esa mañana en el Santuario, expresará la comunión y el compromiso de santidad y misión en nuestro tiempo. Nos reunimos como pueblo de Dios y nos comprometeremos en la comunión y participación a asumir esta dimensión de la revelación expresada en la eclesiología del Concilio Vaticano II.
Quizá la expresión más apropiada sea «la alegría del Espíritu». Tanto en Aparecida, como en nuestro Sínodo hemos expresado la alegría del don de ser discípulos. Esta alegría del Espíritu muchas veces, es portadora de la cruz, de dolores y sufrimientos, pero que por la fe se van convirtiendo en «Pascua». Podremos evangelizar si estamos agradecidos por este don maravilloso y gratuito que hemos recibido de ser discípulos y misioneros de Él.
La tercera palabra es «misión». Como se plantea en varias oportunidades en las orientaciones pastorales retomando expresiones de Aparecida, necesitamos seguir asumiendo «la conversión pastoral y renovación misionera» de los agentes y estructuras de nuestras comunidades. La misión la entendemos no como un acontecimiento extraordinario, sino en la cotidianidad de nuestras motivaciones, estructuras, metodología, lenguaje…
Finalmente quiero subrayar la palabra «esperanza». Desde Loreto, celebramos la memoria, agradecemos y ofrecemos el presente, nos proyectaremos en la esperanza, y nos comprometeremos a ser testigos como lo fueron los Mártires de nuestras Misiones, los Santos Roque, Juan y Alonso. A pesar de las persecuciones y dificultades de nuestro tiempo no claudicamos porque tenemos la certeza de Jesucristo, el Señor, quien es nuestra esperanza.
El Papa Francisco nos recuerda que «la condición que se pone a los discípulos del Señor Jesús, para ser evangelizadores coherentes, es sembrar signos tangibles de esperanza». En este domingo en que celebramos también la «III Jornada Mundial de los pobres», el Papa nos invita a ser portadores de esperanza y consuelo especialmente para los pobres, y que nos comprometamos para que esta Jornada Mundial pueda reforzar en muchos la voluntad de colaborar activamente para que nadie se sienta privado de cercanía y solidaridad.


Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
 Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas

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