obispo martinezQueridos hermanos y hermanas; Con la cuaresma nos introducimos en un tiempo de gracia para prepararnos  a celebrar  “la Pascua”, el misterio central de los cristianos. Durante estas semanas la liturgia nos ayudará a revisar nuestra condición de hijos e hijas de Dios, a renovar la fe, la esperanza y la caridad en el camino discipular y misionero al que estamos llamados todos los bautizados. La liturgia es la fuente de espiritualidad principal que nos lleva a poner en práctica lo que creemos en la cotidianidad, con nuestro estilo de vida, criterios y opiniones. La gracia obra en la liturgia y la hace eficaz, si nosotros la hacemos espiritualidad y vida. La liturgia que en cambio es solo un ritual cumplido y que no replica en nuestras vidas, puede transformarse en un mero ritual  pagano contradictorio con nuestra vocación bautismal.


En esta carta cuaresmal quiero subrayar la necesidad de integrar más algunos aspectos de la vida moral a nuestro examen de conciencia y confesión de la cuaresma.  Muchas veces los sacerdotes al escuchar confesiones o recibir consultas de los fieles, en general nos encontramos con una gran cantidad de preocupaciones y arrepentimientos, dolores y heridas en el ámbito de la problemática de las relaciones humanas, que hacen referencia a lo afectivo, la sexualidad y problemáticas familiares, que por supuesto siempre son muy importantes en el corazón humano.
Esta reflexión cuaresmal nace de la preocupación pastoral por la frecuente ausencia de los pecados, interrogantes o inquietudes que planteamos en relación a la moral social, la caridad, temas ligados a la justicia, corrupción o faltas u omisiones en relación al bien común, la vida pública y ciudadana. Lamentablemente en una sociedad donde hay una gran mayoría de población que se manifiestan católicos cristianos, incluidos una gran cantidad de dirigentes con responsabilidades públicas y sociales, el flagelo de la corrupción estructurada crece en multiplicidad de   niveles muchas veces de base, en organizaciones simples, o bien, en grandes estructuras y ámbitos claves de nuestras organizaciones nacionales, provinciales y locales.
Es importante advertir sobre la necesidad de un examen de conciencia cuaresmal para revisar nuestro seguimiento discipular y misionero a Cristo, el Señor, considerando que deberemos realizarlo  no para castigarnos o ensimismarnos en enriedos complicados, sino que deberemos hacerlo desde “el Amor de Dios”, y desde su misericordia, que implica en nosotros volver a la casa del Padre, arrepentidos de lo que está mal, y con la certeza que nuestro Padre Dios, nos espera con un abrazo, un beso y una Fiesta.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas