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Lunes, 27 Enero 2020

 

  
  

obispo martinezQueridos hermanos y hermanas; Considero importante que recordemos aunque brevemente algunos fundamentos que son constitutivos de los contenidos de la dimensión social de nuestra Fe.  El mismo Señor se identifica con nuestros hermanos más pobres señalándolos como un lugar clave para que nos encontremos con Él y practiquemos sus enseñanzas: “Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan benditos de mi Padre y reciban en herencia el reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso y me vinieron a ver”. Los justos dirán:

“Señor ¿cuándo te vimos hambrientos y te dimos de comer, sediento, y te dimos de beber?”….y el Rey les responderá: “les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”…(Mt 25,34-40). También el Apóstol Santiago en su carta es contundente al referirse a la fe, la caridad y los pobres: “¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿de qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o hermana desnudo o sin el alimento necesario, les dice: “vayan en paz, caliéntense y coman” y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras está completamente muerta” (Sant. 2,14-17). Tanto en los textos del antiguo testamento como en el nuevo se nos plantea la necesidad de una caridad practicada. Los Padres de la Iglesia desde los primeros siglos han señalado con radicalidad esta dimensión social de la fe. En el siglo IV San Gregorio de Niza realiza una catequesis sobre “el verdadero ayuno”, que nos puede ayudar a realizar nuestro examen de conciencia en este tiempo cuaresmal: “Existe un ayuno incorpóreo y una abstinencia inmaterial, que se refiere al alma, que es precisamente el abstenerse de hacer el mal, y por causa de este ayuno se nos ha prescripto que nos abstengamos de tomar alimentos. ¡Ayunen la maldad! ¡Repriman la codicia de bienes ajenos!, ¡absténganse de obtener ganancias injustas!, ¡maten de hambre la avaricia del dinero!, ¡no escondan en sus casas nada que haya sido obtenido por la fuerza y la rapiña! ” ¿De qué te aprovecha no acerques la carne a tu boca, si estas mordiendo a tu hermano con la maledicencia? ¿Qué utilidad obtienes si no comes de lo tuyo mientras estas arrebatando injustamente lo que es del pobre? ¿qué piedad es esta, que mientras bebes solamente agua, planeas fraudes, y por la maldad estas sediento de sangre?...¿qué utilidad tiene el ayuno del cuerpo si no limpias el alma?... carecerá de todo provecho este ayuno  si no se adhiere fuertemente a la Justicia y se hace acompañar por ella.”

Al realizar nuestro examen de conciencia cuaresmal y revisar la dimensión de la caridad y la limosna podemos tomar un texto para meditar del Papa San Gregorio Magno en sus “Homilías sobre el Evangelio”(Libro II, homilía 20,3-4.10) de fines del siglo VI: “A los que no ambicionan las riquezas ajenas, pero con todo no distribuyen generosamente lo suyo, se les debe aconsejar que con mucha diligencia consideren que la tierra de la que ellos se proveen es común a todos los hombres, y da frutos para todos. Los que quieren exclusivamente para si lo que Dios le ha dado para todos deben ser considerados culpables”.

Todos estos textos bíblicos y patrísticos, nos deben ayudar como ciudadanos de este siglo XXI a que practiquemos con nuestro estilo de vida lo que confesamos con nuestra fe.
 
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas

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