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Viernes, 15 Noviembre 2019

 

  
  

mensajLuego de tres días de intenso trabajo y misión en la ciudad cuyana, la entidad religiosa recalcó la necesidad de refundar la Nación sobre la base de la honestidad, el esfuerzo, el trabajo, la confianza mutua y el respeto. Con un fuerte llamado a “refundar la Nación”, la Acción Católica Argentina clausuró su 29° Asamblea Federal en el estadio del Club Sportivo Desamparardos de San Juan, donde unas 10.000 personas, provenientes de 49 diócesis de todo el país, colmaron sus tribunas. El reelecto presidente de la Institución, Rafael Corso, señaló con vehemencia: “Nos urge refundar la Nación con acuerdos basados en la honestidad, el esfuerzo, el trabajo, la justicia, la confianza mutua, el respeto, “con un oído en el evangelio y el otro en el pueblo”, recordando la frase de Mons. Enrique Angelelli.

El dirigente subrayó que “la Argentina nos necesita a todos, necesita generosidad, inclusión, amor fraterno”, y aclaró que “con todos y para todos”, frase que se incluía en el lema del encuentro, “no es un slogan, es una exigencia, un paradigma donde no hay excluidos ni desechados”.

 

Así, recordó que luego de haber protagonizado una gran misión en toda la ciudad, “hemos escuchado las angustias y alegrías de las personas con quienes nos encontramos en los barrios, en los hogares, en los hospitales, en las comunidades”.


El acto de clausura contó con la presencia del gobernador sanjuanino, Sergio Uñac, y del arzobispo de Mendoza y vicepresidente 2° de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, quien presidió la misa. También lo hicieron los obispos de San Juan, San Luis, San Martín, Formosa, San Rafael, Concordia, y el arzobispo emérito de San Juan, monseñor Alfonso Delgado.

 

Previo a la celebración eucarística fueron presentadas oficialmente las nuevas autoridades para el trienio 2018-2021, cuyo Consejo Nacional seguirá presidido por Corso, e integrado por Claudia Alejandra Carbajal (Vicepresidenta 1°), Agustín Merlo (Vicepresidente 2°), María Soledad Taglianetti (Secretaria), Néstor Caruso (Tesorero); Silvia Monsuárez (Responsable del Equipo de Formación), Silvina Tau y Jorge Rojas (Responsables de la Comisión de Adultos), María José Correa y Jorge Arrieta (Responsables de la Comisión de Jóvenes), Mercedes Morales y Jorge Juárez Véliz (Responsables de la Comisión de Aspirantes), y María Natalia Lescano y Adrián Álvarez (Responsables de la Comisión de Sectores). En tanto que el obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, fue designado como asesor general de la Institución, y al Padre Jorge Villafañez como viceasesor general.

 

En esa misma sintonía, el gobernador Uñac, que expresó su satisfacción ante la elección de San Juan como sede del encuentro nacional, destacó el diálogo como la principal herramienta para superar la crisis: “Creo que lo mejor que podemos hacer entre todos para solucionar estos problemas, es acudir al diálogo fraterno y a la planificación y cuando digo diálogo, digo de hablar y de predisponernos a escuchar, de saber que tenemos algo para decir siempre y también tienen algo para decirnos”.

 

El mandatario provincial recibió una placa recordatoria de manos de las autoridades de la institución, como signo de agradecimiento por “la calidez, contención y servicio”, recibido por parte de toda la comunidad y la colaboración brindada por su administración.

 

En tanto, en su homilía, monseñor Colombo señaló: “Imagino a los distintos niveles de la ACA procurando en sus líneas de acción discernir los canales adecuados para interactuar con las diferentes pastorales de la Iglesia que hacen presente el amor de Cristo que todo lo transforma, la defensa de la vida desde la concepción en el vientre materno hasta el ocaso natural, no sólo en la asistencia inmediata, sino también en la promoción integral de todas las personas en su dignidad inalienable, en su destino trascendente de ser para Dios…”.

 

En el marco de la celebración eucarística, al arzobispo de Mendoza hizo entrega a la institución una reliquia de Wenceslao Pedernera, quien fuera dirigente de la Acción Católica Rural y colaborador de Mons. Angelelli, de los que el Papa Francisco declaró su martirio, junto a otros dos sacerdotes. Allí, estuvieron presentes la esposa e hijas del dirigente asesinado durante la última dictadura militar.

 

Una vez finalizada la misa, y tras recibir una bendición apostólica enviada por el Papa Francisco, se procedió a desconcentrar a los asistentes a esta asamblea, que contó con el aporte de unos 800 voluntarios, para emprender el regreso a sus hogares.

 

Mensaje de la 29° Asamblea Federal de la Acción Católica Argentina

 

La Acción Católica Argentina reunida en la ciudad de San Juan, quiere testimoniar al término de su 29 Asamblea Federal y de la 56° Asamblea Nacional su compromiso irrenunciable con el Evangelio de Jesús.

 

Porque nos sabemos hijos de Dios que nos amó primero (1Jn 4, 19) y nos reconocemos como hermanos, nos interpela la urgencia de testimoniar ese amor que hemos recibido gratuitamente y que queremos ofrecer con misericordia y verdad.

 

Hemos escuchado a lo largo de estos días, las angustias y alegrías de las personas con quienes nos encontramos en los barrios, en los hogares, en los hospitales, en las comunidades. Hemos escuchado el sentir de los niños, los jóvenes y los adultos. Hemos escuchado los gritos de dolor que provienen de las entrañas de los que sufren la pobreza, la adicción, el abuso, así como aquellos gritos de la tierra que necesita de nuestra conversión ecológica integral. Hemos escuchado aun, lo que nos duele escuchar, pero lo hemos hecho respetuosamente porque como dice el Concilio Vaticano II en la Iglesia “Nada hay de lo verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (GS 1).

Jesús nos ha enseñado una vez más, que el camino de nuestro ser mujeres y varones creyentes es la búsqueda de la justicia, la mansedumbre, la humildad, la limpieza del corazón (Mt 5, 1ss) para abrazar a todos en nuestras coincidencias y respetarnos en nuestras diferencias, buscando en el dialogo con el mundo que nos toca vivir (ES34) la superación de lo que nos separa, proponiendo allí el mensaje liberador de Cristo siendo Iglesia que se hace palabra, coloquio y mensaje. como nos decía desde hoy, San Pablo VI.

 

Creemos firmemente que la Vida es un don sagrado que viene de lo Alto y que por eso debe ser protegida, cuidada, para que desde su concepción hasta la muerte natural pueda desarrollarse dignamente, poniendo especial atención en los niños y ancianos como nos ha encomendado a la Acción Católica, el Papa Francisco.

 

Deseamos que los jóvenes puedan descubrir el sentido profundo de la Vida. El proyecto que Dios tiene para cada uno. Que puedan desarrollar los talentos recibidos, educarse para el amor responsable, tener horizontes y elegir renovar la historia construyendo el bien.

 

Nos apremia la necesidad de una cultura del encuentro, que como lo hizo el Maestro, nos   dé tiempo para detenernos en el “pozo” (Jn 4, 7-10) de tantas situaciones existenciales que necesitan ser sanadas con el Agua Viva que su Encarnación vino a ofrecer.

 

Nos urge refundar la Nación con acuerdos basados en la honestidad, el esfuerzo, el trabajo, la justicia, la confianza mutua, el respeto, “con un oído en el evangelio y el otro en el pueblo” (Mons. Angelelli)

 

La Argentina nos necesita a todos, necesita generosidad, inclusión, amor fraterno.  “Con todos y para todos” no es un eslogan, es una exigencia, un paradigma donde no hay excluidos ni desechados porque Dios dador de vida, es Padre justo y misericordioso que nos amó primero.

 

Que María de Luján, patrona de la Argentina y Madre de la Acción Católica nos acompañe en la misión.

 

San Juan, 14 de octubre de 2018

 

HOMILÍA EN LA MISA DE CLAUSURA DE LA 29° ASAMBLEA FEDERAL DE ACA
San Juan, 15 de octubre de 2018.
 

PERMANECER EN SU AMOR PARA ANUNCIARLO

 

Queridos hermanos,

 

San Juan se ha vestido de fiesta con esta importante visita de tantos hermanos y hermanas del país, pertenecientes a la Acción Católica Argentina, dirigentes y miembros que hacen de ella una gran familia apostólica presente en nuestras iglesias particulares, signo de esperanza y testimonio del Reino de Dios. Visita que no es una mera reunión de amigos, sino encuentro de discípulos y misioneros del Señor. Visita destinada a fortalecer la misión que los apasiona y los lleva más allá de las fronteras de la propia realidad familiar y comunidad parroquial.

 

La Palabra de Dios nos enseña la necesidad de permanecer en el amor de Dios que nos amó primero. Esa iniciativa del Hijo de Dios urge nuestra propia respuesta de amor a Él y a los hermanos, un amor que multiplique la invitación del Señor a seguirlo y a dar vida como Él.

 

Refiriéndose a este “permanecer en el amor”, el papa Francisco enseñaba el 9 de setiembre de 2017, en Medellín, que permanecemos en el amor de Dios, cuando tocamos la humanidad de Cristo y contemplamos su divinidad para vivir en la alegría.

 

“Permanecemos tocando la humanidad de Cristo”: Con la mirada y los sentimientos de Jesús, que contempla la realidad no como juez, sino como buen samarintano; que reconoce los valores del pueblo con el que camina, así como sus heridas y pecados; que descubre el sufrimiento callado y se conmueve ante las necesidades de las personas, sobre todo cuando éstas se ven avasalladas por la injusticia, la pobreza indigna, la indiferencia, o por la perversa acción de la corrupción y la violencia”. (Francisco, Homilía en la misa con consagrados. Medellín, 9 de 9 de setiembre de 2017).

 

No nos resulta difícil descubrir la estrecha relación que existe en entre el permanecer en el amor de Cristo y nuestra propia fidelidad a sus prioridades, los más pobres y excluidos, los que están solos y agobiados en su dolor, los que sufren las consecuencias de la cultura del descarte.

 

La creciente pobreza de tantos argentinos que nos avergüenza o nos duele y nada más, sino la interpelación de cómo abrazar esa realidad para transformarla desde nuestros espacios. Es preciso conmovernos para actuar creativamente desde el amor creyente y fiel en los ámbitos donde actuamos y nos confesamos cristianos. Imagino a los distintos niveles de la ACA, procurando en sus líneas de acción discernir los canales adecuados para interactuar con las diferentes pastorales de la Iglesia que hacen presente el amor de Cristo que todo lo transforma, la defensa de la vida desde la concepción en el vientre materno hasta el ocaso natural, no sólo en la asistencia inmediata, sino también en la promoción integral de todas las personas en su dignidad inalienable, en su destino trascendente de ser para Dios…

 

“Permanecer y contemplar su divinidad (…) privilegiando para ese conocimiento el encuentro con la Sagrada Escritura, especialmente el Evangelio, donde Cristo nos habla, nos revela su amor incondicional el Padre, nos contagia la alegría que brota de la obediencia a su voluntad y el servicio a los hermanos (…) Haciendo de la oración parte fundamental de nuestra vida y de nuestro servicio apostólico. La oración nos libera del lastre de la mundanidad, nos enseña a vivir de manera gozosa, a elegir alejándonos de la superficial, en un ejercicio de auténtica libertad. Nos saca de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una experiencia religiosa vacía y nos lleva a ponernos con docilidad en las manos de Dios para realizar su voluntad y hacer eficaz su proyecto de salvación. Y en la oración, adorar. Aprender a adorar en silencio (…)” (Francisco, Homilía en la misa de consagrados. Medellín, 9 de setiembre de 2017).

 

Partimos de la Palabra en la cual Cristo nos revela su amor incondicional y nos lleva a su encuentro en la oración, el silencio, la adoración. Lo necesitamos. Sin Él somos estériles. Con Él podemos afrontarlo todos y saber que acompaña y fortalece nuestros pasos vacilantes. Se nos hace imprescindible “beber del Evangelio” (Santa Teresa, Manuscrito de Escorial, 31) para calmar la sed de caminantes y afrontar los rigores de todos los caminos.

 

En estos años hemos podido ver el entusiasmo en la renovación de los itinerarios pedagógicos de la Acción Católica para las distintas etapas en la fe de sus miembros, idóneos para contribuir con los planes de formación discipular de parroquias y comunidades. Como obispo no puedo sino agradecer y alentar esta creciente interacción entre fe y vida que se trasuntan en los programas concretos de formación de la ACA, así como en las distintas iniciativas en curso para proponer la mirada creyente a numerosos sectores de la sociedad, para conocer a Jesucristo, amarlo y servirlo en los hermanos.

“Permanecemos en Cristo para vivir en la alegría (…) gozo pleno que nadie nos podrá quitar, difundiremos la esperanza de vida nueva que Cristo nos ha traído. El llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegría. Dios no nos quiere sumidos en la tristeza y el cansancio que vienen de las actividades mal vivida, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestras fatigas. Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios. Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando trasparentamos la alegría del encuentro con Él (…)” (Francisco, homilía en la misa con consagrados. Medellín, 9 de setiembre de 2017).

 

Nos reunimos en el contexto de un Sínodo convocado por el Santo Padre para reflexionar sobre la realidad juvenil, la fe y el discernimiento vocacional. Obispos y peritos de todo el mundo están en Roma junto al Papa Francisco tratando esta temática decisiva para la vida y la misión de la Iglesia. Uno de los aspectos que el Papa indicó en la apertura del Sínodo fue el del necesario diálogo intergeneracional para una vida eclesial feliz y fecunda. La Acción Católica Argentina ha sido, desde siempre un ámbito para ese diálogo tan importante y significativo. Enhebrados unos a otros por el vínculo del respeto, la valoración y el amor, los miembros de la ACA aprecian ese necesario intercambio de dones que integra sabiduría, experiencia, con entusiasmo y novedad.

 

En estos tiempos difíciles, ser portadores de alegría compromete nuestra actitud en la vida y los acontecimientos que tienen lugar a diario. No negamos su dramatismo si ponemos nuestra confianza en Dios y de nuestro encuentro con Él alimentamos nuestra decidida participación en la historia humana como protagonistas, testigos y servidores. Por eso Uds., queridos miembros de la ACA, nos expresan una alegría muy honda, la de pertenecer a Cristo y a su Iglesia para amar y servir en su nombre.

 

Refiriéndose a la identidad permanente de la ACA San Pablo VI la explicaba como “vocación ofrecida a los mismos seglares de pasar de la concepción inerte y pasiva de la vida cristiana a la conscientes y activa, del estado de cristiano, más de nombre que de hecho, extraño a la comprensión y a la participación en los problemas de la Iglesia, al estado de fieles convencidos de poder y deber también ellos compartir su plenitud comunitaria, su responsabilidad operativa, su doloroso y glorioso testimonio, su caridad misionera”. (Pablo VI, A los delegados episcopales de la Acción Católica Italiana, 25 de julio de 1963).

 

Sobre el testimonio de esta identidad de laicos cristianos, San Oscar Arnulfo Romero decía: “(…) en la entraña del mundo, en el matrimonio, en la profesión, el negocio, en el mercado, en el jornal de cada día, ustedes son los que están llevando el mundo y de ustedes depende el santificarlo según Dios”. (Mons. Romero, 26 de noviembre de 1978).

Hace algunos meses, el Papa Francisco nos anunciaba la declaración de martirio de Mons. Enrique Angelelli y junto a él, tres compañeros de suerte, los padres Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, y el laico, trabajador y padre de familia, Wenceslao Pedernera.

Me llenó de alegría que los dirigentes nacionales de Acción Católica me pidieran que evocáramos a este último, que fue miembro y dirigente de la Acción Católica Rural durante los años ’60 y ’70.

 

Nacido en la provincia de San Luis, Wenceslao creció, trabajó y formó su familia en Mendoza para testimoniar al Señor en La Rioja, a partir de su fuerte compromiso con la concreta aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia, rubricando esta entrega con su propia sangre en 1976, luego de perdonar a quienes lo habían baleado.

 

Para cuando llegue su beatificación en los próximos meses, les hago entrega de un pequeño relicario que guarda una astilla del ataúd que portó su cuerpo mortal desde su martirio hasta hace unos pocos meses en que procedimos a su exhumación. Hoy lo recordamos junto a su familia aquí presente en la persona de su esposa Coca y sus hijas María Rosa, Susana y Estela. Y damos gracias por su vida y su testimonio. Nuestra Patria necesita muchos Wenceslao dispuestos a vivir, a trabajar y a entregarse con alegría y generosidad a la luz del evangelio del trabajo y la solidaridad.

 

Dios bendiga a la ACA, y a través de ella, a la Iglesia en la Argentina, para que no nos cansemos de amar, permaneciendo en Aquél que nos amó primero hasta darlo todo por nosotros y por nuestra salvación.

 

+ Marcelo Daniel Colombo
Arzobispo de Mendoza


Gentileza.- Oficina de Prensa Conferencia Episcopal Argentina

 

Mayor información: www.asamblea.accioncatolica.org.ar

 

Equipo de Comunicación AF 2018

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