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Miercoles, 24 Julio 2019

 

  
  

obispo martinezEn el contexto de la Navidad la liturgia de este domingo nos invita a celebrar a la Sagrada Familia de Jesús, María y José. La familia de Nazareth, la del Emmanuel, Dios con nosotros, conoció el asombro del anuncio del nacimiento virginal, la pobreza del pesebre en Belén, la persecución en la huida a Egipto, la perplejidad de María y José al encontrarlo a Jesús adolescente predicando en medio de los maestros en Jerusalén, quienes estaban «asombrados de su inteligencia y sus respuestas», como nos relata el texto de este domingo (Lc 2, 41-52), la cotidianidad de casi treinta años de silencio y trabajo. En este domingo es necesario que los cristianos oremos y reflexionemos sobre el tema de la familia que nos propone la Palabra de Dios.

 

 

Este tema es fundamental en la acción evangelizadora de la Iglesia y nosotros mismos en nuestra Diócesis lo hemos tomado como uno de los ejes temáticos que hemos venido reflexionado desde nuestro Sínodo Diocesano, formando parte de los desafíos pastorales que debemos seguir encarando en nuestra acción evangelizadora. Durante este año 2018 las parroquias en sus Asambleas fueron buscando los caminos de aplicación y acción pastoral a partir de las orientaciones pastorales en este tiempo post-sinodal. En la Asamblea Diocesana del 2017, revisaremos como estamos evangelizando estos temas sinodales en nuestras comunidades.


En la Diócesis nuestro Secretariado para la familia sigue promoviendo en sus diversas áreas y junto a distintos movimientos ligados a la familia, respuestas a este tema que fue tomado por el Sínodo a partir de las expresiones que reiteradamente en las consultas previas surgió como una de las mayores preocupaciones.


Este tema de la familia es fundamental en la acción evangelizadora de la Iglesia. Por supuesto que este tema no es sólo importante desde una perspectiva religiosa, sino también desde lo antropológico, psicológico, sociológico y cultural. Debemos recuperar el rol central que tiene la familia como generadora de valores como la vida, la solidaridad y la justicia. Es asombroso y merece que dediquemos tiempo a investigar y buscar las causas del por qué este tema, que es clave para la proyección de la misma humanidad, no cuente con el suficiente apoyo político, económico y comunicacional. Y que, desde financiamientos y pautas internacionales y nacionales, se busque muchas veces desarticular el núcleo de la familia y el matrimonio, hasta en los mismos contenidos y propuestas educativas. Lo habitual viene siendo desvirtuar en su esencia el valor del matrimonio y la familia. Lamentablemente en estos días asistimos a presiones graves de ciertos sectores minoritarios que, con mucho poder económico y el favor de muchos medios de comunicación, buscan instalar una falsa concepción del matrimonio, negando aquello que es esencial al mismo. El ser un varón y una mujer, que son quienes tienen la capacidad potencial de la procreación como fruto de su amor. Si el matrimonio se reduce solo a una sociedad jurídica y no se considera como una nota esencial del mismo la capacidad potencial de la procreación, no se ve por qué dicha sociedad jurídica tenga que estar formada solo por dos personas. Desde aquí caemos en un profundo relativismo con consecuencias imprevisibles para la familia, afectando gravemente a aquello que el sentido común y natural de nuestra gente entiende más allá de las dificultades propias de la vida.


Al plantearnos cómo evangelizar y acompañar la pastoral familiar, nos encontramos que son muchas las situaciones que aquejan a nuestras familias. La gravedad de los problemas económicos y la falta de seguridad laboral o el machismo que lleva a no asumir la paternidad responsablemente. Algunos medios de comunicación ridiculizan el valor de la familia, tachándola como algo tradicional y del pasado y considerando la maternidad como un problema y no como un don de Dios. Estos y otros son los desafíos de la acción evangelizadora de los próximos años.


El Papa Francisco en su Exhortación apostólica postsinodal «Amoris laetitia» sobre el amor en la familia nos dice: «Doy gracias a Dios porque muchas familias, que están lejos de considerarse perfectas, viven en el amor, realizan su vocación y siguen adelante, aunque caigan muchas veces a lo largo del camino. A partir de las reflexiones sinodales no queda un estereotipo de la familia ideal, sino un interpelante «collage» formado por tantas realidades diferentes, colmadas de gozos, dramas y sueños. Las realidades que nos preocupan son desafíos. No caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera. En todas las situaciones, la Iglesia siente la necesidad de decir una palabra de verdad y de esperanza». (AL 57)
Finalmente, este domingo, el último del año, nos invita a que pidamos a Dios por el año que vamos a iniciar. Como Obispo y Pastor quiero pedir al Señor por todos nosotros, por nuestra Provincia y nuestro país para que el 2019 sea un año de crecimiento en la solidaridad, la justicia y la paz.

 

¡Les deseo un Feliz Año Nuevo y un saludo cercano!


Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas

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