La conocida fábula “La Rana y el Escorpión” atribuida a Esopo, cuenta que estaba una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acerca un escorpión que le dice: - Amiga rana, necesito cruzar el río. ¿Podrías llevarme en tu espalda? - No. Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás. - No seas tonta - le respondió entonces el escorpión - si te picase, me hundiría contigo y me ahogaría.lpast Ante esta respuesta, la rana accedió. El escorpión se colocó sobre la espalda de la rana y empezaron a cruzar el río. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, el escorpión picó a la rana. La rana, al sentir el picotazo y darse cuenta que iba a morir, le preguntó al escorpión: -¿Por qué me has picado, escorpión? ¿No te das cuenta de que tú también vas a morir? A lo que el escorpión respondió: – Rana…mi amiga, no lo pude evitar, porque es mi naturaleza. La moraleja nos dice que, aunque el sentido común dicte lo contrario y acabes perjudicando a los demás e incluso a ti mismo, no puedes dejar de ser quien sos, es tu naturaleza.


Las recientes actitudes de diferentes actores de la vida política argentina, se parecen demasiado a la conducta del escorpión. Veamos:


Alberto Fernández, que adquirió notable relevancia luego del volumen de votos obtenido en las PASO del 11 de Agosto pasado, sabe que todo lo que diga o haga pasa a tener repercusión inmediata en los mercados y consecuentemente en la vida de cada argentino en momentos tan complejos.


El aguijón dirigido a picar al gobierno (pero que termina afectando a la población), revela como pocas veces la mezquindad en el proceder de quien se autodefine como un “moderado” pero a poco de andar, no tiene elección posible: su naturaleza es más fuerte que el “acting” del supuesto templado y prudente candidato, exteriorizada en declaraciones de una perversidad inmensa como las expresadas ante las autoridades del FMI, o la prensa extranjera.


Los gobernadores K y asociados en tanto, no van a la zaga, aún después de haber gozado cuatro años de un federalismo fiscal que les devolvió no solo recaudación, que legítimamente les corresponde, sino lo más importante: la dignidad de no tener que arrodillarse todos los meses ante el poder de turno para “volver con una anchoa” (Mario Negri dixit).


Ello hizo que, de ser globalmente deficitarias a diciembre de 2015 pasen a ser globalmente superavitarias en 2018, incluso muchas de ellas como Misiones, aún luego del pago de los intereses de la deuda.


Sin embargo, el aguijón del escorpión estaba latente, escondido y disimulado. Bastó un resultado electoral para que salga a relucir su naturaleza de maldad intrínseca y buscar inocular el veneno que, de prosperar, hundirá no sólo al gobierno (la ingenua rana del cuento), sino también a todo el pueblo argentino que está a bordo del barco.


Existe sin embargo un antídoto que es más fuerte que el veneno más poderoso de los escorpiones de toda laya. Y es la voluntad del pueblo argentino, que sabrá expresarse y responder a las provocaciones y actitudes mezquinas de quienes pretenden gobernar sobre supuestas ruinas. Esta voluntad es la que puede cambiar definitivamente el destino de una Nación, que requiere dirigentes que, en honor al delicado momento que vivimos, nos muestren un camino con un horizonte despejado de escorpiones a los que, más temprano que tarde, les aflora la voluntad de inocular su veneno, simplemente porque es su naturaleza.

 

C.P.N. Luis Mario Pastori


Diputado Nacional UCR/Cambiemos


Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.