Por Claudia Armesto

En 2026, muchas organizaciones globales viven una paradoja: nunca se comunicó tanto y, sin embargo, gestionar la ejecución se volvió más difícil. Se multiplican reuniones, chats y correos, pero al terminar el mes reaparecen síntomas conocidos: decisiones que no quedan registradas, prioridades que compiten, retrabajo por malentendidos y equipos que sienten que “corrieron” sin avanzar.

El problema de fondo no es la falta de comunicación. Es exceso de señal sin infraestructura de gestión: acuerdos verificables, decisiones registradas, criterios claros y un sistema que reduzca fricción en lugar de producirla.
Los datos globales ayudan a dimensionar por qué esto dejó de ser un tema “blando”. Gallup, en su State of the Global Workplace 2025, informa un engagement global de 21% y estima un costo de US$ 438 mil millones en productividad perdida en 2024. Microsoft, por su parte, describió el “infinite workday”: en el grupo con mayor volumen de “pings”, las personas reciben interrupciones cada dos minutos, hasta 275 al día, entre reuniones, emails y chats.

En otras palabras: la gestión cotidiana  — decidir, registrar y dar seguimiento —  se volvió el nuevo cuello de botella.


La escena global que se repite.


Un equipo regional opera en tres husos horarios. Para “alinearse”, suma reuniones. Para “no perderse nada”, abre hilos. Para “dejar constancia”, manda mails. Llega el fin de mes y el proyecto se traba igual: hay avances parciales, fricción, desgaste, y una pregunta incómoda: ¿qué quedó realmente decidido y quién es responsable de sostenerlo?

En casi todos los casos, el diagnóstico es similar: no existe una ruta del acuerdo dentro del sistema de gestión:

Dónde se decide, dónde se registra, quién valida, cómo se versiona, y cómo se vuelve verificable (responsable, fecha, criterio de éxito).

Cuando esa infraestructura no está diseñada, la organización paga tres veces: tiempo (retrabajo), clima (tensión) y confianza (sensación de arbitrariedad). Y paga una cuarta, silenciosa: latencia. Las decisiones tardan más en convertirse en acción.

Cultura y bienestar: El impacto no es accesorio

En negocios solemos separar productividad de cultura, o cultura de bienestar. Pero en la práctica se conectan por una variable común: carga de coordinación. Cuando el sistema no está diseñado, las personas gastan energía en “hacer que el sistema funcione”: aclarar, perseguir respuestas, rehacer, interpretar.

El punto 2026 es que la cultura no se deteriora por falta de valores, sino por falta de condiciones de gestión para sostenerlos. Y la inclusión, cuando existe, se prueba en lo operativo: accesibilidad de información, reglas de participación y mecanismos reales para ajustes razonables. Deloitte reportó que, entre las personas que solicitaron ajustes laborales, el 74% tuvo al menos una solicitud rechazada y el 19% tuvo todas rechazadas. No es solo un dato de inclusión: es una señal de capacidad operativa del sistema para sostener la coherencia.

Playbook 2026 para líderes: 5 movimientos en 30 días

Fuente de verdad para decisiones

Un lugar único con decisión, responsable, fecha y criterio de éxito.

Reuniones con salida verificable

Decisión/pendiente + responsable + plazo + registro.

Estandarizar asincronía

Contexto → decisión requerida → opciones → riesgos → próximo paso.

Proteger foco con reglas explícitas de urgencia

Menos fragmentación, no menos colaboración.

Tablero mínimo (4 indicadores mensuales)

Claridad de prioridades • retrabajo • fricción recurrente • % de decisiones registradas con responsable/fecha/criterio.

En 2026, la comunicación interna madura no compite por “ser más creativa”; compite por ser más estructural. La pregunta útil no es “¿qué canal nos falta?”, sino: ¿qué parte de nuestra infraestructura de gestión está fallando?

 

Acerca de la autora

Claudia Armesto es Licenciada en Comunicación Social, mentora y fundadora de Empatía Comunidad, red global de consultoría y formación. Con más de 20 años liderando proyectos en América Latina, acompaña a empresas, organizaciones y líderes en procesos de comunicación estratégica y empática, cultura organizacional y sostenibilidad/ESG.

 Es autora de ¿Cómo construir organizaciones empáticas? y conferencista sobre liderazgo, comunicación y transformación cultural.

empatiacomunidad.com